Las vueltas son las que dejan
Escritos herejes de una lesbiana proscrita
( Evangelio según santa facile )
Escritos herejes de una lesbiana proscrita
( Evangelio según santa facile )
No sólo era que el año nuevo del 2000 lo iría a pasar al nunca bien ponderado esotérico valle de Elqui, tierra de Lucila y Sergio, sino que dejaría -según la vara de algunas- de ser maricona para convertirme en gay con ese primer viajecito a Europa unos días después. Y no sólo era la vueltecita a Europa la que me hacía reflexionar en aquello que dice que todo lo personal es político, ni el quiebre de la tormentosa primera experiencia que hacía decir no, a mí no me gustan las mujeres, me gustaba sólo ella : Falso de falsedad absoluta, como dicen los Congreso. La resistencia y la lesbofobia introyectada suelen tener muchas caras. Hubieras preferido que lo tuyo o lo mío, como aún le dicen algunas represiva y amablemente a su resfrío, fuese sólo una etapa de experimentación o una moda a la que daría el punto final un hijo.
Salir del closet que le dicen e iniciarse en el activismo en Santiago de Chile, después del viajecito aquel al viejo continente, parecía fácil. Pero nunca imaginé que fuera tan pero tan huachaca. Llegaba en el peor momento: quiebre de la coordinadora lésbica, la psicopática y delincuencial Marlo hacía de las suyas estafando a las monjas holandesas, a las amigas propias y ajenas y a todo el incipiente movimiento lésbico que se estaba armando.
Una estafa, eso era y es el movimiento lésbico hoy día. No hemos hecho nada que no esté haciendo el devenir histórico por nosotras. Después del golpe de la coordinadora, armamos secta con otras lesbianas y levantamos la bandera de “Las otras Juanas”, rescatamos el programa radial Amazonas en radio Tierra, le hicimos conversatorios, le armamos encuentros de auditoras, exposiciones, fuimos sujetas - objetas de estudio para estudiantes hetero curiosas, y ya cansadas del asistencialismo, la pegatina y la vociferante forma de hacer política, colgamos las sotanas y decidimos convertirnos en las posmodernas “Otras guatas”.
Casi una década después, deprime observar que la lucha no ha sido mucha, un lugar común, como que para la marcha del once siempre saqueen el macdonal. Y te acostumbras a la indolencia, al fascismo, a todo un país que se levanta todos los días para tomar el transantiago y hacer más rico a Piñera, Luksic, Matte, Angellini y que olvida. Peca porque olvida su origen bastardo. Peca porque olvida y justifica el robo y la estafa sistemática de las tierras en el sur. Ni olvido ni perdón para el movimiento lésbico que nos falta. Un dos tres por mí, por las herejes y por todas las feministas.

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